Saturday, July 16, 2011
Stress test y Peak&End Rule
El ejercicio salía desde un principio con cierta complejidad intepretativa, porque la EBA (autoridad bancaria europea) admitió la existencia de dos notas: la oficial , y la ajustada a la contabilidad bancaria en cada país.
Esta doble interpretación de las métricas permitió al gobernador del Banco de España mostrar sus grandes dotes comunicativos. MAFO es un profesional en todos los aspectos. Técnicamente tiene un nivel altisimo, pero casi a la par de sus dotes de comunicación.
Primero, Fernandez Ordoñez comparó a los resultados del stress test con los Oscar de Hollywood: a diferencia de estos últimos, en el stress test solo se habla de las entidades perdedoras. En España se presentaron 25 entidades al test, pero solo 5 suspendieron según el ejercicio europeo. Y claro está, solo se habla de las cinco. De las 20 ganadoras, ni rastro. En la portada de hoy del Financial Times, bajo la noticia de los resultados del stress, aparece la foto de una oficina de CatalunyaCaixa, una de esas cinco entidades.
Segundo. Al existir dos medidas de capital, la oficial de la EBA (muy conservadora) y la ajustada a cada país, que permite la inclusión de colchones (como las provisiones anticíclicas españolas), la cuestión era cómo transmitirlo en el orden correcto.
Como bien me hace recordar Manuel Conthe, y según la teoría del Peak&End Rule, solemos recordar hechos pasados en función del punto máximo de placer o "disconfort" que experimentamos al vivirlos, y en cómo acabaron. Cualquier información "en el medio" se olvida.
Si uno dice: "la caja X suspendió el examen pero, con los ajustes contables locales, los aprobó", el mensaje que estamos dando es negativo porque implica que debemos recurrir a ajustes para aprobar. Según la teoría del peak&end rule, debería ser mucho más efectivo que el usado realmente por el BdE.
Lean lo que publica el BdE en su nota informativa sobre el stress:
"Las pruebas de estrés muestran que ninguna entidad española necesita aumentar adicionalmente su capital gracias a los elementos para la absorción de pérdidas propios de nuestro sistema financiero, como son las provisiones genéricas o los bonos obligatoriamente convertibles. Si se detrajeran de los balances estos recursos, cinco entidades españolas no alcanzarían la referencia del 5% del core tier 1 fijada para este ejercicio".
La técnica comunicativa empleada por el supervisor español hace que primero se informe de que ninguna entidad española ha suspendido gracias a los ajustes contables locales. Ahora, si nos basamos en la norma europea, y detraemos del balance esos ajustes españoles, entonces suspenden cinco entidades.
El mensaje que se consigue transmitir, a mi juicio, aunque va en contra de la teoría antes mencionada, deja claro en el receptor de la información que el hecho que hayan suspendido 5 entidades se da como consecuencia que el EBA ha fijado normas "extrañas" a la norma local española, y por tanto, todo el sistema financiero español es solvente.
En el fondo, la EBA no ha permitio la inclusión del colchón de provisiones genéricas (anticíclicas) españolas por un simple hecho: porque ningún otro país las tenía y lo que no podía hacer era beneficiar a uno para perjudicar al resto.
Eso sí, las provisiones genéricas han sido alabadas en todos los foros internacionales, y de hecho su filosofía ha sido incorporada a los acuerdos de Basilea 3 dentro del colchón anticíclico que necesitarán dotar las entidades cuando la economía de muestras de recalentamiento.
Saturday, July 09, 2011
Ratings y revólveres
Pero el problema surge cuando las noticias que incluyen estas palabras adquieren relevancia social, porque pueden acabar confudiendo a la opinión pública.
Estos últimos meses estamos viendo como la palabra "rating", asociado al problema de la deuda soberana, está siendo usado de una manera bastante "libre" por la prensa, de manera que se da la impresión que las agencias que producen los rating (que realmente son 3 en el mundo: Moody's, Standard and Poors y Fitch) son la reencarnación del diablo.
El último acto ha sido Portugal, pais que viene teniendo problemas importantes de financiación, a pesar de haber sido rescatado por sus socios europeos. Una de las agencias de rating, Moody's, la semana pasada le bajó el rating a Portugal hasta bono basura, en un momento crítico porque Portugal estaba subastando títulos de deuda. Una bajada de rating en un momento crítico puede significar, para los mercados, firmar una sentencia de muerte al país calificado.
Juan Ignacio Crespo apunta muy bien en este artículo que el problema con las agencias de rating es que se han convertido en un "Deus ex machina", que no controla sus poderes, y cuyas acciones terminan provocando efectos no deseados.
A mi juicio, está en el propio mercado (agentes inversores, bancos, reguladores, gobierno, bancos centrales) revertir esta situación. Un presidente que es asesinado por un loco con revolver no tiene porque significar que se prohíban los revólveres: una potencial víctima de violencia de género puede sentirse más defendida con un revolver en su casa. Con un revólver tambien podríamos poner fin a las aventuras de un dictador loco.
Con los rating pasa lo mismo. Hay que saber qué significan y cómo usarlos. Los reguladores bancarios fueron los primeros en (ahora se ha visto erróneamente) focalizar en la importancia del rating, haciendo obligatorio a los bancos tener sus carteras de créditos calificadas (ya sea por ratings externos o internos), y posteriormente asignando requerimientos de capital según esas calificaciones. Así es como funciona el acuerdo de capitales Basilea 2 por ejemplo, y es algo que (de momento) no será cambiado por Basilea 3.
Asimismo, todos los fondos de inversión del mundo tienen unas políticas que les ordenan la calidad de los títulos en donde pueden invertir: dicha calidad se mide por el rating asignadp.
Finalmente, los bancos centrales tienen también sus normas sobre qué títulos y con qué calidad pueden descontar, calidad que viene determinada por el rating.
Dos son las ventajas claras de la existencia de un rating: una es que es lógico que para entender el posible riesgo de invertir en una empresa exista un método mas o menos cuantitativo que ordene la calidad del título, de mayor a menor riesgo. Si no lo tendríamos, habría que inventarlo.
La segunda es que -como bien dice Crespo-el proceso de asignación del rating abarata costes: no tiene sentido permitir la existencia de 30 o 40 maneras de calificar el riesgo de una empresa o banco porque entonces el tiempo de analizar y entender cada una haría ineficiente cualquier toma de decisión de inversión.
Hasta aqui todos de acuerdo. Problema distinto es la interpretación y uso que hagamos de esas calificaciones. En general, la mayoría de analistas (y muchas noticias en diarios) tiende a ver el rating como una medida de previsión sobre la calidad crediticia del título en el futuro, pero esto no es así. Los ratings -desafortunadamente- no son medidas tipo "forward looking".
Un rating es como cuando vamos al médico para un chequeo general, y nos dicen que estamos bien, algo alta la tensión, algún kilo de más o de menos, y poco mas. Es nuestra situación hoy, en condiciones normales.
El médico no te asegura que dado este chequeo, no tendrás nunca ningún problema.
Si por una de esas, una persona decide tranquilamente hacer inmersión acuática luego de hacerse un chequeo general básico, puede enterarse luego de muerto que tenía un problema concreto en el corazón que, de ser advertido por un cardiólogo, le hubiera salvado la vida.
En algun momento del 2009 las agencias de rating publicaron intenciones de querer ofrecer ratings por rangos de volatilidad y asociarles un escenario de stress (lo que lo haría algo mas forward looking), pero todavía no ha cristalizado. De esta manera, por ejemplo, un país no sería simplemente AA sino que sería AA con una volatilidad media-alta y en condiciones de stress podria llegar a BBB.
Finalmente, no hay que olvidar la inconsistencia que existe entre un rating asignado en un momento dado y cómo los mercados valoran a ese rating de manera diaria. Un ejemplo: España actualmente es AA. Pero gracias a los "credit default swaps" (seguros de protección contra impagos) podemos obtener implícitamente los rating de bonos españoles que cotizan en el mercado cada día. La semana pasada los bonos españoles cotizaban como BB, cuando el país sigue siendo AA segun las agencias. (Para más detalles sobre esta inconsistencia, leed este artículo de G.de la Dehesa en El Pais-Negocios del 17-7-2011)
Es como si el resultado de un chequeo médico fuera: Ud está bien hoy, pero si quiere correr hoy un maratón, seguramente morirá. ¿Cuál chequeo es el correcto? Depende de lo que queramos hacer. Los ratings a mi modo de ver funcionan igual.
¿Quién se acerca más a la valoración real de invertir en un bono español? ¿Los mercados con sus sobrerreaciones e impulsos animales? ¿O las agencias que valoran una situación dada usando información que ha podido quedar desfasada en días o incluso horas?
En suma, el tema es complejo y su solución no trivial. Mi opinión es que deberíamos ir a por ratings más "forward looking" asumiendo rangos de volatilidad en los cálculos de capital para los bancos.
Dejo para otra ocasión el debate sobre si debería ser un ente indepediente y público quien los calculase, o agencias privadas como hasta ahora.
Friday, April 08, 2011
El juego de la humillación
Henry Hitchings, autor del libro “Saber de libros sin leer” (Editorial Planeta) propone un juego, cuando estemos comiendo entre amigos: digamos en voz alta un libro clásico que no hayamos leído y contemos el número de amigos que sí lo han hecho. Cada amigo que sí lo haya leído, es un punto para nosotros. Gana quien consiga el mayor número de puntos. En otras palabras, gana quien salga más humillado. Por eso el juego se llama “Juego de la humillación”.
¿Cuál es el precio al que estamos dispuestos a quedar humillados ante amigos o conocidos por no haber leído un libro que supuestamente deberíamos haber leído?
Como dice el filósofo de Harvard, Michael Sandel, “a veces conviene pasar un poco de verguenza para hacer autocrítica”. Pero...¿conviene? Depende lo que recibamos a cambio de hacer el rirdículo. Hacer autocrítica debería ser algo obligado. No nos deberían dar nada a cambio de hacerla, pero actualmente hasta podemos esperar que nos paguen para ello (por ejemplo muchos programas rosa de la tele).
En un plano mucho más serio, el Juego de la Humillación está siendo jugado, a la fuerza, por algunas entidades financieras que, ya sin poder recurrir a los mercados para financiarse y con unos activos inmobiliarios con valor desconocido, han tenido que tocar, solas o agrupadas en una nueva entidad, las puertas del FROB.
En terreno europeo, Grecia, Irlanda y recientemente Portugal lo han jugado. Sus finanzas públicas estaban tan deterioradas que no han aguantado solas y, reconociendo a la fuerza el problema, han acudido al resto de miembros del euro y al FMI para solicitar ayuda financiera.
España, en cambio, probablemente se haya salvado del rescate al que, en mayo de 2010, todos daban por seguro. La combinación de dolorosas medidas de ajuste del déficit, reforma del mercado laboral (mochila austríaca y convenios colectivos) y finalmente, reestructuración del sector financiero han acabado por convencer al mercado (ese ente desconocido pero poderoso) de que España va en serio.
El único que ha tenido que salir humillado aquí es el presidente del gobierno, Zapatero, pero porque probablemente su espíritu reformador fue más bien impuesto por las condiciones económicas que por su propia convicción.
Si, pasado un tiempo, España empieza a notar los beneficios de este nuevo ímpetu reformador, la historia tendrá que conceder que por fin una humillación ha servido para algo.
Sunday, February 27, 2011
Audiencias y modelos estadísticos
Acabo de leer un artículo en EL PAIS referente a Carlos Villalba, el listo concursante que ganó casi 900 mil euros en Pasapalabra hace pocos dias. Al final del artículo, se afirma que en el minuto de oro, a las 20.56, estaban viendo el programa 5.091.000 espectadores. Esta última cifra me hizo reflexionar, probablemente por "defecto profesional".
¿La cifra mencionada es realmente esa? me refiero a que si es verdad que 5.091.000 espectadores estaban viendo ese programa, o es que eran, digamos, 5.091.023 y para redondear, la noticia olvida los últimos 23 espectadores. Porque si realmente había 23 más y la noticia los eliminó por redondeo, realmente no me parece fiable. ¿O es que realmente los 5.091.000 reflejan sólo una "estimación" ? Si es esto último, entonces mi opinión es que debe darse, junto con la cifra, el error del modelo, con su intervalo de confianza, etc. Igual que cuando EL PAIS o cualquier otro medio, publica encuestas políticas en donde, en un recuadro y con letra muy pequeña (casi para no leerla) indican el error asumido en la estimación.
Una de las causas de la Gran Recesión es el uso, con una confianza ciega por parte de los bancos, de unos modelos estadísticos para estimar posibles pérdidas, por ejemplo con las (luego infames) hipotecas subprime. Estos modelos estadísticos son solo eso, modelos y por propia naturaleza, son incompletos. Si usamos, como autómatas, sus resultados para tomar decisiones volveremos a tener problemas.
Por ello querria abrir el debate sobre la necesidad de, siendo EL PAIS un medio de referencia, que cada vez que citen cifras que provengan de modelos estadísticos, se advierta al lector de los posibles errores en su construcción o estimación, como en las cajetillas de cigarros ("Fumar provoca cancer"). Esto sería también bueno para mejorar la cultura financiera de la población, y es recomendable ir impregnándola en nuestros jóvenes para evitar, por ejemplo, burbujas económicas en el futuro.
Las audiencias de TV en España suelen medirse por el método de audímetro y la empresa que suele realizarlo es Kantar Media (grupo TNS Sofres). Son 4,625 los hogares incluídos en el estudio muestral. El audímetro controla la actividad del televisor, vídeo u otras fuente de señal en el televisor (TDT, sintonizador de satélite, sintonizador de cable, etc..). La relación entre el hogar y el audímetro se realiza mediante un mando a distancia. A cada persona se le asigna una letra en un botón que debe pulsar cada vez que enciende o apaga el televisor, o cada vez que empieza a ver o deja de ver televisión. Durante las 24 horas del día los audímetros registran todos los cambios que se han ido produciendo en los distintos televisores del hogar, hasta que cada madrugada llama al ordenador central de Kantar Media y vuelca toda la información almacenada. Kantar asegura que, dada la importancia que han llegado a tener las audiencias, se realizan controles internos y externos que garantizan la calidad de la estimación.
Pero, al fin y al cabo, por muchos controles que existan (también la industria financiera está sujeta a regulación exhaustiva del gobierno, amén de sus propios controles internos) no deja de ser una "estimación" y como tal, sujeta a errores estadísticos, intervalos de confianza y sesgos humanos probablemente no identificados en el modelo. Algunas dudas que se me ocurren sobre la metodología de medición de audiencias:
1. La primera es cómo se eligen a los 4,625 hogares que participan en el estudio. ¿ Es algo estable o va cambiando por temporadas?. Además, ¿son hogares proclives a ver la tele o no? porque si solo le dan el audímetro a familias muy consumidoras de TV, el ruido estadístico será altísimo y las cifras finales no representativas del total del país.
2. ¿Qué pasa si un miembro joven de la familia apreta el botón del abuelo? ¿Dirán que la franja de población juvenil ha cambiado su patrón televisivo?
3. ¿Qué pasa si la familia tiene la TV puesta pero realmente no están mirando, como suele suceder en la mayoría de hogares españoles mientras se come o cena? ¿Es lo mismo tener la TV encendida que estar mirando un programa?
4. ¿Qué pasa con el zapping o picoteo de programas: si en 1 hora veo alternativamente un 50% de un telediario y un 50% de Sálvame, quiere decir que he visto los dos programas?. ¿O que no he visto realmente ninguno?
5. ¿Es posible que los 4,625 hogares logren de alguna manera unirse para mover o cambiar alguna tendencia? Es decir, ¿el mercado funciona tipo competencia perfecta o hay posibilidad de influir en su comportamiento?
Kantar Media ofrece un anuario de audiencias de TV que analiza, entre otros, el universo y la muestra de sus estudios, pero se consigue previo pago. Debería ser público si quieren que su metodología sea escrutada (si alguien de Kantar Media lee este post y me hace llegar el anuario, prometo analizarlo y rectificar si algo de lo dicho es contrario a su metodología).
En el caso anecdótico de un programa de TV, muchos directores financieros de empresas anunciantes supongo que les gustaría saber si es cierto que a Pasapalabra lo vieron 5.091.000 con un error máximo del 3.5% o del 10%, o del 15%, ya que los precios a pagar no deberían ser los mismos en un caso u otro. Al menos si yo fuera director financiero de alguna de esas empresas, podría tomar decisiones de anunciarme en un programa u otro, con una base más solvente.
Thursday, February 17, 2011
El FMI, Rato y el pensamiento grupal
El reciente y demoledor informe interno del FMI donde se ponen de manifiesto las causas por las cuales dicho organismo no solo no anticipó la crisis del 2007, sino que incluso justo antes del estallido subprime, alabó la economía de USA y su avanzado sistema hipotecario, pone de manifiesto que el ser humano siempre tropieza con las mismas piedras ("El FMI hace una crítica demoledora de su actuación en la etapa de Rato", EL PAIS, 9-2-2011)
Un rápido repaso a ese informe saca a la luz guerras tribales, comportamiento en silos, pensamiento grupal (groupthink) y en fin, todo un manual de despropósitos acerca de cómo no tomar decisiones y gestionar una gran empresa u organismo.
Muchos recordarán el estallido del Challenger en 1986 (7 astronautas muertos). El comité que analizó las causas de dicho accidente encontró que, igual que en el FMI, la principal causa fue el denominado "pensamiento grupal": en un grupo que toma decisiones, nadie quiere salir de una zona de confort y por eso, aunque los técnicos sabían que el cohete tenia deficiencias, prefieron -en resumen- no retrasar el despegue para que los jefes no se enojaran.
El mismo tipo de problema se repitió, en 2008, en el banco suizo UBS (el que sufrió mayores pérdidas subprime): también un informe de auditoría interna sacó a la luz que el pensamiento grupal, así como el funcionamiento en silos (el riesgo vendido o comprado por una unidad no es conocido por quien debe gestionarlo y controlarlo) destrozó las ya débiles practicas de gestión de riesgos de ese banco.
Podría seguir apuntando ejemplos de desastres parecidos. Pero alguien debe sacar enseñanzas de esto. La primera es que tiene que haber alguien en este tipo de instituciones (FMI, bancos, ministerios, etc) que debería velar para que se generen los incentivos correctos en la toma de decisiones (el código "Conthe", de Buen Gobierno va en la línea aunque se queda muy corto). La segunda es hay que aprender de la experiencia de empresas que saben cómo funcionar para evitar estos desastres (por ejemplo, creando comités en la sombra que critiquen las decisiones del comité real).
Lo principal es que en estas grandes empresas se forme a los directivos en este tipo de temas que son mezcla de psicología, sociología, historia y antropología, porque una de las pocas certezas que existen es, desafortunadamente, que el ser humano es muy proclive a repetir errores.
Seamos al menos conscientes de ello y actuemos en consecuencia.
Sunday, December 26, 2010
Mark Twain y 2011
Gracias a la pericia de la Sra Foster, luego de algunos años consiguió tener algunos terrenos, que compraba baratos y vendía luego a mejor precio. A raíz de estas inversiones, la familia logró finalmente tener unos ingresos estables y una vida cómoda.
Todo se complica cuando los Foster reciben una carta de un tío, con el cual no tenían relación (mas bien tenían mala relación), en donde este familiar les dice que pronto morirá y que toda su fortuna (30 mil dólares) iría a parar a ellos, siempre que (siempre hay una “siempre que” en estas historias...) no preguntasen nunca por el orígen de ese legado, ni hubiesen hecho pesquisas sobre si finalmente había muerto, ni tampoco deberían haber asistido al funeral.
Al principio, y para informarse sobre la muerte de su tío sin preguntar a nadie, decidieron suscribirse al periódico de su pueblo (el Sagamore), ya que seguramente su muerte aparecería en las necrológicas, pero los meses iban pasando y su muerte no aparecía publicada.
En ese momento el matrimonio se revoluciona, y comienzan a imaginarse historias imposibles basadas en ese legado.
Viven en una burbuja donde los precios de activos imaginarios comprados van subiendo, ellos venden y se hacen millonarios, así vuelven a comprar y entonces los precios suben más y así se hacen más millonarios, hasta que –entonces multimillonarios- pasan a dedicarse a la filantropia, ayudando a organizaciones caritatitvas.
En medio de ese delirio de imaginación, incluso hay espacio para que el marido le pida perdón a su mujer porque, mientras ella estaba ayudando a iglesias y niños huérfanos, él pasaba sus días corrompiéndose en una vida secreta de juegos, compinches licenciosos, y “multimillonarios en dinero pero paupérrismos en moral”.
También hay lugar para que el matrimonio imagine posibles candidatos para sus hijas, tales como hijos de embajadores, vicepresidentes, marqueses, hasta que al final se deciden por el gran duque heredero de Katzenyammer (“será el primer enlace morganático que se celebre en América”-dice el Sr.Foster).
Pero todo se derrumba. En ese derroche imaginativo, los Foster se dan cuenta que todo no puede ir siempre tan bien, y la bolsa se colapsa, los precios se desploman y los Foster pierden todo.
Pero se consuelan pensando que todavía no habían recibido el legado de su tío.
Las escenas finales del cuento son magníficas. Los Foster se enteran que su tío había muerto hacía cinco años, pobre, teniendo como activos solo una carretilla que regaló al que lo enterró, el editor del periódico Sagamore, quien en su momento quizo publicar una pequeña nota necrológica que no se publicó por falta de espacio.
Dos años después, los Foster, llenos de tristeza y envejecidos, se quejaban de que su tío podría haberles legado una suma que nos les hubiera hecho desear aumentarla, que estuviera más allá de cualquier tentación de especular.
-Eso es lo que hubiera hecho cualquier alma afectuosa, pero en él no había ningún espíritu generoso, no había piedad, no...- fue lo que dijo antes de morir el Sr Foster.
La crisis económica está dejando por el camino muchas familias como los Foster. Pero con una diferencia. Los Foster, aunque acabaron muriéndose de tristeza, en vida no se endeudaron. Su imaginación les llevó a vivir por encima de sus posibildades, y fue muy lindo mientras duró.
Twain acabó su cuento en 1904, pero casi 107 años después hay muchas familias que sí se endeudaron para vivir por encima de sus posibilidades y aunque nadie sabe como será nuestro final, de momento el tránsito está siendo bastante infeliz.
Moraleja del cuento: Los mercados financieros no son almas afectuosas, lo mismo que el tio de los Foster en el cuento de Twain.
Feliz 2011.
Sunday, December 12, 2010
Información y síndrome de Stendhal (II)
Muchas veces es frustrante no poder llegar a toda esa información, lo que produce al final un sentimiento de parálisis, parecido al que Stendhal explicaba cuando veía una obra de arte.
Lo costoso es realmente identificar qué información es fiable y cual no. Qué información ha pasado por el tamiz del análisis sosegado y cual en cambio ha salido directamente de fuentes con intereses sesgados (que no sosegados!).
El economista Max Otte, en su libro "El crash de la información", apunta a que "el colapso de los mercados financieros, provocado por la venta masiva de títulos cuyo riesgo fue sistemáticamente ocultado, se debió en gran medida a la propagación del virus de la desinformación que afecta a toda la sociedad".
Respecto a los que generan y producen información financiera, es decir, los periodistas financieros, Otte dice: "los periodistas contribuyen notablemente a la desinformación. Las informaciones financieras no se basan en una sensata paciencia, sino en la dramatización de la falacia".
Es por ello que ahora la tendencia de aquellos medios que proveen de información fiable, analizada y creíble cobran por ella. Es el caso del Financial Times, el New York Times, The Economist y publicaciones similares. La prensa gratuita por internet no es que sea mala calidad, simplemente tenderá a replicar noticias pero sin ninguna creación de valor para el lector.
Una manera de crear valor de la desinformación que circula por la red se le ocurrió a unos neurocientíficos americanos, Dr Peterson y Dr. Hartman. Ellos fundaron una empresas llamada MarketPsych.
Dicha empresa desarrolla, entre otros análisis, un software curioso: agrega toda la información sobre mercados financieros que aparecen en los millones de blogs, twitts, conversaciones en foros, y redes sociales, y ese análisis masivo ofrece al usuario (que paga por él) una recomendación de compra o venta del valor.
Además provee de índices como:
1) top ten de valores mas odiados en la red
2) top ten de los más queridos
3) los 10 más pesimistas
4) los 10 más optimistas
5) activos con rumores sobre fraude
6) etc
Todo surge de batir en la coctelera la información que circula en la red, compilarla, desmenuzarla, y aplicarle algunos algoritmos.
Uno de los gráficos más usados es el que MarketPsych llama "sentiment cluster". En él dibujan la rentabilidad de los 30 títulos sobre los que más se ha hablado los últimos 10 días y se lo compara con el índice medio de sentimiento (% de positividad), como podéis ver clicando aquí.
En el gráfico se ve que aquellos valores con sentimiento positivo los últimos 10 días, son también lo que registraron rentabilidades positivas.
A priori, me parece que la herramienta desarrollada por Market Psych tiene un recorrido impresionante: uno simplemente pone el ticker de un título y la herramienta te dice si el sentimiento es de compra o venta de ese título.
¡¡No haría falta leer ni interpretar ninguna fuente informativa más si queremos comprar o vender títulos!!
En el próximo post hablaremos de otra herramienta de análisis de texto muy interesante.
Saturday, October 23, 2010
Información y síndrome de Stendhal (I)
El semanario “The Economist” se hacía eco de este problema hace poco, titulando una de sus portadas “Data deluge” (Diluvio de información).
La información es una herramienta básica para tomar decisiones. Es necesario tener mucha información para decidir sobre un proyecto o inversión, pero es contraproducente cuando se tiene demasiada información.
Los modelos econométricos que predicen el PIB, paro o inflación o los modelos estadisticos que sirven para predecir el riesgo de que una hipoteca sea impagada, así como los (ahora denostados) modelos de riesgos de mercado “VAR”, todos necesitan datos para ser construídos, y con una profundidad histórica larga. Sin series históricas largas y bien construídas, las predicciones no serán buenas.
De hecho, y como ahora se sabe, mucho de la crisis financiera actual se debe a que los modelos VAR que estimaban pérdidas potenciales sobre los bonos basura, en realidad estaban infravalorando las estimaciones porque los datos de entrada no incluían suficiente historia (en algunos casos los mismos bancos deliberadamente no incluyeron esa historia porque les era perjudicial, pero en muchos otros simplemente dicha historia no existía).
Si tener pocos datos es malo, tener demasiados es peor. Uno no sabe por donde empezar, y el análisis se hace mucho más difícil porque toda la información que el Mundo (no me refiero al periódico, sino al planeta Tierra) produce se vuelca en la red y una sola persona no tiene la capacidad de leerla , procesarla y emitir juicios de valor sobre la misma. Es más, en muchos casos el hecho de saber que tenemos tanta información al alcance, gratuita y a solo un clic de distancia, puede acabar produciendo en el lector cierta frustración, confusión y vértigo, por no poder acceder a leerla toda.
El saber que puedes leer y conocer algo que todavía no sabes pero quieres saberlo, unido al hecho físico de que la acumulación de datos produce un parón mental porque uno no sabe por donde empezar, me recuerda al llamado síndrome de Stendhal, en donde el individuo se queda alucinado ante tanta bella obra de arte acumulada en el mismo lugar.
Pero, en los mercados financieros, ya hay herramientas que empiezan a analizar millones de datos diarios y a “escupir” decisiones de inversión. Lo analizamos en el próximo post.
