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Sunday, February 27, 2011

Audiencias y modelos estadísticos

(el siguiente post me lo ha publicado la Defensora del Lector de EL PAIS, en este enlace)

Acabo de leer un artículo en EL PAIS referente a Carlos Villalba, el listo concursante que ganó casi 900 mil euros en Pasapalabra hace pocos dias. Al final del artículo, se afirma que en el minuto de oro, a las 20.56, estaban viendo el programa 5.091.000 espectadores. Esta última cifra me hizo reflexionar, probablemente por "defecto profesional".

¿La cifra mencionada es realmente esa? me refiero a que si es verdad que 5.091.000 espectadores estaban viendo ese programa, o es que eran, digamos, 5.091.023 y para redondear, la noticia olvida los últimos 23 espectadores. Porque si realmente había 23 más y la noticia los eliminó por redondeo, realmente no me parece fiable. ¿O es que realmente los 5.091.000 reflejan sólo una "estimación" ? Si es esto último, entonces mi opinión es que debe darse, junto con la cifra, el error del modelo, con su intervalo de confianza, etc. Igual que cuando EL PAIS o cualquier otro medio, publica encuestas políticas en donde, en un recuadro y con letra muy pequeña (casi para no leerla) indican el error asumido en la estimación.

Una de las causas de la Gran Recesión es el uso, con una confianza ciega por parte de los bancos, de unos modelos estadísticos para estimar posibles pérdidas, por ejemplo con las (luego infames) hipotecas subprime. Estos modelos estadísticos son solo eso, modelos y por propia naturaleza, son incompletos. Si usamos, como autómatas, sus resultados para tomar decisiones volveremos a tener problemas.

Por ello querria abrir el debate sobre la necesidad de, siendo EL PAIS un medio de referencia, que cada vez que citen cifras que provengan de modelos estadísticos, se advierta al lector de los posibles errores en su construcción o estimación, como en las cajetillas de cigarros ("Fumar provoca cancer"). Esto sería también bueno para mejorar la cultura financiera de la población, y es recomendable ir impregnándola en nuestros jóvenes para evitar, por ejemplo, burbujas económicas en el futuro.

Las audiencias de TV en España suelen medirse por el método de audímetro y la empresa que suele realizarlo es Kantar Media (grupo TNS Sofres). Son 4,625 los hogares incluídos en el estudio muestral. El audímetro controla la actividad del televisor, vídeo u otras fuente de señal en el televisor (TDT, sintonizador de satélite, sintonizador de cable, etc..). La relación entre el hogar y el audímetro se realiza mediante un mando a distancia. A cada persona se le asigna una letra en un botón que debe pulsar cada vez que enciende o apaga el televisor, o cada vez que empieza a ver o deja de ver televisión. Durante las 24 horas del día los audímetros registran todos los cambios que se han ido produciendo en los distintos televisores del hogar, hasta que cada madrugada llama al ordenador central de Kantar Media y vuelca toda la información almacenada. Kantar asegura que, dada la importancia que han llegado a tener las audiencias, se realizan controles internos y externos que garantizan la calidad de la estimación.

Pero, al fin y al cabo, por muchos controles que existan (también la industria financiera está sujeta a regulación exhaustiva del gobierno, amén de sus propios controles internos) no deja de ser una "estimación" y como tal, sujeta a errores estadísticos, intervalos de confianza y sesgos humanos probablemente no identificados en el modelo. Algunas dudas que se me ocurren sobre la metodología de medición de audiencias:

1. La primera es cómo se eligen a los 4,625 hogares que participan en el estudio. ¿ Es algo estable o va cambiando por temporadas?. Además, ¿son hogares proclives a ver la tele o no? porque si solo le dan el audímetro a familias muy consumidoras de TV, el ruido estadístico será altísimo y las cifras finales no representativas del total del país.

2. ¿Qué pasa si un miembro joven de la familia apreta el botón del abuelo? ¿Dirán que la franja de población juvenil ha cambiado su patrón televisivo?

3. ¿Qué pasa si la familia tiene la TV puesta pero realmente no están mirando, como suele suceder en la mayoría de hogares españoles mientras se come o cena? ¿Es lo mismo tener la TV encendida que estar mirando un programa?

4. ¿Qué pasa con el zapping o picoteo de programas: si en 1 hora veo alternativamente un 50% de un telediario y un 50% de Sálvame, quiere decir que he visto los dos programas?. ¿O que no he visto realmente ninguno?

5. ¿Es posible que los 4,625 hogares logren de alguna manera unirse para mover o cambiar alguna tendencia? Es decir, ¿el mercado funciona tipo competencia perfecta o hay posibilidad de influir en su comportamiento?

Kantar Media ofrece un anuario de audiencias de TV que analiza, entre otros, el universo y la muestra de sus estudios, pero se consigue previo pago. Debería ser público si quieren que su metodología sea escrutada (si alguien de Kantar Media lee este post y me hace llegar el anuario, prometo analizarlo y rectificar si algo de lo dicho es contrario a su metodología).

En el caso anecdótico de un programa de TV, muchos directores financieros de empresas anunciantes supongo que les gustaría saber si es cierto que a Pasapalabra lo vieron 5.091.000 con un error máximo del 3.5% o del 10%, o del 15%, ya que los precios a pagar no deberían ser los mismos en un caso u otro. Al menos si yo fuera director financiero de alguna de esas empresas, podría tomar decisiones de anunciarme en un programa u otro, con una base más solvente.

Thursday, February 17, 2011

El FMI, Rato y el pensamiento grupal

(el siguiente texto se ha publicado en La Vanguardia, del 17.2.2011)

El reciente y demoledor informe interno del FMI donde se ponen de manifiesto las causas por las cuales dicho organismo no solo no anticipó la crisis del 2007, sino que incluso justo antes del estallido subprime, alabó la economía de USA y su avanzado sistema hipotecario, pone de manifiesto que el ser humano siempre tropieza con las mismas piedras ("El FMI hace una crítica demoledora de su actuación en la etapa de Rato", EL PAIS, 9-2-2011)

Un rápido repaso a ese informe saca a la luz guerras tribales, comportamiento en silos, pensamiento grupal (groupthink) y en fin, todo un manual de despropósitos acerca de cómo no tomar decisiones y gestionar una gran empresa u organismo.

Muchos recordarán el estallido del Challenger en 1986 (7 astronautas muertos). El comité que analizó las causas de dicho accidente encontró que, igual que en el FMI, la principal causa fue el denominado "pensamiento grupal": en un grupo que toma decisiones, nadie quiere salir de una zona de confort y por eso, aunque los técnicos sabían que el cohete tenia deficiencias, prefieron -en resumen- no retrasar el despegue para que los jefes no se enojaran.

El mismo tipo de problema se repitió, en 2008, en el banco suizo UBS (el que sufrió mayores pérdidas subprime): también un informe de auditoría interna sacó a la luz que el pensamiento grupal, así como el funcionamiento en silos (el riesgo vendido o comprado por una unidad no es conocido por quien debe gestionarlo y controlarlo) destrozó las ya débiles practicas de gestión de riesgos de ese banco.

Podría seguir apuntando ejemplos de desastres parecidos. Pero alguien debe sacar enseñanzas de esto. La primera es que tiene que haber alguien en este tipo de instituciones (FMI, bancos, ministerios, etc) que debería velar para que se generen los incentivos correctos en la toma de decisiones (el código "Conthe", de Buen Gobierno va en la línea aunque se queda muy corto). La segunda es hay que aprender de la experiencia de empresas que saben cómo funcionar para evitar estos desastres (por ejemplo, creando comités en la sombra que critiquen las decisiones del comité real).

Lo principal es que en estas grandes empresas se forme a los directivos en este tipo de temas que son mezcla de psicología, sociología, historia y antropología, porque una de las pocas certezas que existen es, desafortunadamente, que el ser humano es muy proclive a repetir errores.

Seamos al menos conscientes de ello y actuemos en consecuencia.

Sunday, December 26, 2010

Mark Twain y 2011

En “Un legado de 30,000 dólares”, Mark Twain cuenta la historia de una familia de clase media americana, los Foster. El Sr. Foster era contable, y la Sra Foster era una soñadora, leía novelas en privado y le gustaba invertir en propiedades. Tenían dos hijas.

Gracias a la pericia de la Sra Foster, luego de algunos años consiguió tener algunos terrenos, que compraba baratos y vendía luego a mejor precio. A raíz de estas inversiones, la familia logró finalmente tener unos ingresos estables y una vida cómoda.

Todo se complica cuando los Foster reciben una carta de un tío, con el cual no tenían relación (mas bien tenían mala relación), en donde este familiar les dice que pronto morirá y que toda su fortuna (30 mil dólares) iría a parar a ellos, siempre que (siempre hay una “siempre que” en estas historias...) no preguntasen nunca por el orígen de ese legado, ni hubiesen hecho pesquisas sobre si finalmente había muerto, ni tampoco deberían haber asistido al funeral.

Al principio, y para informarse sobre la muerte de su tío sin preguntar a nadie, decidieron suscribirse al periódico de su pueblo (el Sagamore), ya que seguramente su muerte aparecería en las necrológicas, pero los meses iban pasando y su muerte no aparecía publicada.

En ese momento el matrimonio se revoluciona, y comienzan a imaginarse historias imposibles basadas en ese legado.

Viven en una burbuja donde los precios de activos imaginarios comprados van subiendo, ellos venden y se hacen millonarios, así vuelven a comprar y entonces los precios suben más y así se hacen más millonarios, hasta que –entonces multimillonarios- pasan a dedicarse a la filantropia, ayudando a organizaciones caritatitvas.

En medio de ese delirio de imaginación, incluso hay espacio para que el marido le pida perdón a su mujer porque, mientras ella estaba ayudando a iglesias y niños huérfanos, él pasaba sus días corrompiéndose en una vida secreta de juegos, compinches licenciosos, y “multimillonarios en dinero pero paupérrismos en moral”.

También hay lugar para que el matrimonio imagine posibles candidatos para sus hijas, tales como hijos de embajadores, vicepresidentes, marqueses, hasta que al final se deciden por el gran duque heredero de Katzenyammer (“será el primer enlace morganático que se celebre en América”-dice el Sr.Foster).

Pero todo se derrumba. En ese derroche imaginativo, los Foster se dan cuenta que todo no puede ir siempre tan bien, y la bolsa se colapsa, los precios se desploman y los Foster pierden todo.

Pero se consuelan pensando que todavía no habían recibido el legado de su tío.

Las escenas finales del cuento son magníficas. Los Foster se enteran que su tío había muerto hacía cinco años, pobre, teniendo como activos solo una carretilla que regaló al que lo enterró, el editor del periódico Sagamore, quien en su momento quizo publicar una pequeña nota necrológica que no se publicó por falta de espacio.

Dos años después, los Foster, llenos de tristeza y envejecidos, se quejaban de que su tío podría haberles legado una suma que nos les hubiera hecho desear aumentarla, que estuviera más allá de cualquier tentación de especular.

-Eso es lo que hubiera hecho cualquier alma afectuosa, pero en él no había ningún espíritu generoso, no había piedad, no...- fue lo que dijo antes de morir el Sr Foster.

La crisis económica está dejando por el camino muchas familias como los Foster. Pero con una diferencia. Los Foster, aunque acabaron muriéndose de tristeza, en vida no se endeudaron. Su imaginación les llevó a vivir por encima de sus posibildades, y fue muy lindo mientras duró.

Twain acabó su cuento en 1904, pero casi 107 años después hay muchas familias que sí se endeudaron para vivir por encima de sus posibilidades y aunque nadie sabe como será nuestro final, de momento el tránsito está siendo bastante infeliz.

Moraleja del cuento: Los mercados financieros no son almas afectuosas, lo mismo que el tio de los Foster en el cuento de Twain.

Feliz 2011.

Sunday, December 12, 2010

Información y síndrome de Stendhal (II)

En el anterior post me refería a lo complicado de obtener información de valor en internet: son demasiados los foros, blogs, periódicos y redes sociales donde a diario aparecen reflejados sentimientos y opiniones de distintas personas sobre un valor, un índice, o la evolución económica de un país.

Muchas veces es frustrante no poder llegar a toda esa información, lo que produce al final un sentimiento de parálisis, parecido al que Stendhal explicaba cuando veía una obra de arte.


Lo costoso es realmente identificar qué información es fiable y cual no. Qué información ha pasado por el tamiz del análisis sosegado y cual en cambio ha salido directamente de fuentes con intereses sesgados (que no sosegados!).


El economista Max Otte, en su libro "El crash de la información", apunta a que "el colapso de los mercados financieros, provocado por la venta masiva de títulos cuyo riesgo fue sistemáticamente ocultado, se debió en gran medida a la propagación del virus de la desinformación que afecta a toda la sociedad".

Respecto a los que generan y producen información financiera, es decir, los periodistas financieros, Otte dice: "los periodistas contribuyen notablemente a la desinformación. Las informaciones financieras no se basan en una sensata paciencia, sino en la dramatización de la falacia".

Es por ello que ahora la tendencia de aquellos medios que proveen de información fiable, analizada y creíble cobran por ella. Es el caso del Financial Times, el New York Times, The Economist y publicaciones similares. La prensa gratuita por internet no es que sea mala calidad, simplemente tenderá a replicar noticias pero sin ninguna creación de valor para el lector.

Una manera de crear valor de la desinformación que circula por la red se le ocurrió a unos neurocientíficos americanos, Dr Peterson y Dr. Hartman. Ellos fundaron una empresas llamada
MarketPsych.

Dicha empresa desarrolla, entre otros análisis, un software curioso: agrega toda la información sobre mercados financieros que aparecen en los millones de blogs, twitts, conversaciones en foros, y redes sociales, y ese análisis masivo ofrece al usuario (que paga por él) una recomendación de compra o venta del valor.

Además provee de índices como:
1) top ten de valores mas odiados en la red
2) top ten de los más queridos
3) los 10 más pesimistas
4) los 10 más optimistas
5) activos con rumores sobre fraude
6) etc

Todo surge de batir en la coctelera la información que circula en la red, compilarla, desmenuzarla, y aplicarle algunos algoritmos.

Uno de los gráficos más usados es el que MarketPsych llama "sentiment cluster". En él dibujan la rentabilidad de los 30 títulos sobre los que más se ha hablado los últimos 10 días y se lo compara con el índice medio de sentimiento (% de positividad), como podéis ver clicando aquí.

En el gráfico se ve que aquellos valores con sentimiento positivo los últimos 10 días, son también lo que registraron rentabilidades positivas.

A priori, me parece que la herramienta desarrollada por Market Psych tiene un recorrido impresionante: uno simplemente pone el ticker de un título y la herramienta te dice si el sentimiento es de compra o venta de ese título.

¡¡No haría falta leer ni interpretar ninguna fuente informativa más si queremos comprar o vender títulos!!


En el próximo post hablaremos de otra herramienta de análisis de texto muy interesante.

Saturday, October 23, 2010

Información y síndrome de Stendhal (I)

Internet ha traído muchas cosas. La mayoría positivas, pero algunas muy negativas. Sin entrar en el gran tema de la seguridad en la transmisión de datos personales, una de las consecuencias del trabajo en red y del gran desarrollo de los equipos que almacenan información es que permiten producir y almacenar una masa de datos, que de hecho se hace inmanejable.

El semanario “The Economist” se hacía eco de este problema hace poco, titulando una de sus portadas “Data deluge” (Diluvio de información).

La información es una herramienta básica para tomar decisiones. Es necesario tener mucha información para decidir sobre un proyecto o inversión, pero es contraproducente cuando se tiene demasiada información.

Los modelos econométricos que predicen el PIB, paro o inflación o los modelos estadisticos que sirven para predecir el riesgo de que una hipoteca sea impagada, así como los (ahora denostados) modelos de riesgos de mercado “VAR”, todos necesitan datos para ser construídos, y con una profundidad histórica larga. Sin series históricas largas y bien construídas, las predicciones no serán buenas.

De hecho, y como ahora se sabe, mucho de la crisis financiera actual se debe a que los modelos VAR que estimaban pérdidas potenciales sobre los bonos basura, en realidad estaban infravalorando las estimaciones porque los datos de entrada no incluían suficiente historia (en algunos casos los mismos bancos deliberadamente no incluyeron esa historia porque les era perjudicial, pero en muchos otros simplemente dicha historia no existía).

Si tener pocos datos es malo, tener demasiados es peor. Uno no sabe por donde empezar, y el análisis se hace mucho más difícil porque toda la información que el Mundo (no me refiero al periódico, sino al planeta Tierra) produce se vuelca en la red y una sola persona no tiene la capacidad de leerla , procesarla y emitir juicios de valor sobre la misma. Es más, en muchos casos el hecho de saber que tenemos tanta información al alcance, gratuita y a solo un clic de distancia, puede acabar produciendo en el lector cierta frustración, confusión y vértigo, por no poder acceder a leerla toda.

El saber que puedes leer y conocer algo que todavía no sabes pero quieres saberlo, unido al hecho físico de que la acumulación de datos produce un parón mental porque uno no sabe por donde empezar, me recuerda al llamado síndrome de Stendhal, en donde el individuo se queda alucinado ante tanta bella obra de arte acumulada en el mismo lugar.

Pero, en los mercados financieros, ya hay herramientas que empiezan a analizar millones de datos diarios y a “escupir” decisiones de inversión. Lo analizamos en el próximo post.

Monday, August 23, 2010

Renovación

Estoy renovando contenido del blog.
Gracias y hasta pronto.

Roman.